viernes, julio 07, 2006

El Comandante Ternura…
No es Marcos, no es Guevara, ni Fidel y mucho menos uno de aquellos que nos hicieron llorar sangre y cortaron nuestras utopias.
Tampoco es el Andrelo, querido… pero ese sí podría serlo porque sabe de amor como El, de encuentros y desencuentros, de caminar junto al otro y cargarle la cruz un rato en el camino para alivianarle el peso… quizá será eso… será por eso que me comió el corazón…


Ella pudo ver en sus ojos la ternura…esa que hace tiempo había olvidado. De repente retornaron sus fuerzas y sintió un torrente de amor circulando por su sangre, hacía tiempo no sentía de esa manera el amor. Es que cuando el amor irrumpe nadie lo detiene, y como dice aquella canción es como el viento porque no sabes de donde viene ni adonde va, solo hay que ser como hoja seca y dejarse llevar…
Alguien trató de pedirle explicaciones, ella no tuvo ganas de darlas y menos de hablar de ese sentimiento tan noble y profundo que la inundaba, se limitó a responder que se trataba de una situación complicada pero que a pesar de serlo estaba dispuesta a transitarla hasta los parajes donde la condujera, porque estaba segura que por algo él estaba en su vida en ese momento, que no era cualquier momento, era ese… y no otro y era el, su Comandante Ternura.
Se detuvo a pensar qué de él la había enamorado… ¿esa mirada llena de ternura? ¿su sonrisa tan clara y luminosa? o ¿el relato que hablaba acerca de lo que el guardaba en su corazón?
Una cosa es enamorarse y otra amar…uno sólo ama cuando conoce lo que ama y por eso lo conoce, porque lo ama y más que un juego de palabras resulta la más cierta de las cuestiones a la hora del encuentro. Uno no puede amar lo que no conoce, sólo se ama profundamente aquello que se conoce, es parte de la dinámica del amor, el crecer en el conocimiento del ser amado. Por eso uno piensa tanto y disfruta de los encuentros y hasta llega a provocarlos si estos no se produjeran tan fácilmente.
Bastaron los primeros encuentros para entregarse mutuamente a la charla y el compartir. El tal vez sin saberlo le devolvió los sueños, esos sueños que le fueron dinamitando los actos de desamor que protagonizó, ya se había olvidado lo que ella deseaba para sí, de que forma había elegido ser amada… y él no sólo le devolvió la fuerza para elegir, sino que además le hizo recordar que todavía existen hombres que saben amar, que saben ponerse aunque sea por un rato en los zapatos del otro y caminar un tramo de su camino, que se conmueven con un gesto de amor, con la soledad del otro, con los pasillos grises y fríos que se transitan durante un abandono…
Ella se sentía indigna de él… pero no podía evitar sentir lo que sentía.
Era conciente que el Comandante Ternura era como una especie de regalo que muchas veces nos hace Dios, cosas que pone en nuestras manos para que no las atrapemos, para que nos hagan bien… para que recordemos nuestra alianza con él, sus promesas y las nuestras…son mimos… al alma. De cualquier manera, no pudo evitar el pensar el porqué de este regalo… para qué…qué más además de la enseñanza, qué tesoro Dios nuevamente le mostraba y ocultaba a la vez, cual era el sentido de este nuevo gran amor, rozándole la piel y dejándola tan sensible y abierta a la posibilidad de amar y recibir, este saber amar de esta vez…
Nunca tuvo ganas de llorar y sin embargo por momentos la invadía el miedo, el temor al sufrimiento, a la pérdida de lo nunca tenido, al final de lo nunca comenzado…ahí en ese punto cardinal era donde ella solía arribar, al llanto y este mismo llanto terminaba purificándola…porque todo lo que tenía que ver con él era así, simple, bueno y noble… como la tierra, el agua y el horizonte…aquel que no estaba tan lejos esta vez…