lunes, agosto 21, 2006

Tal dolor…Tal amor


Fue tan simple hacer un llamado y tan largo el camino que la condujo hacia el mismo. Y como dice el tango

“veinte años no es nada que febril la mirada,
errante en la sombra te busca y te nombra,
volver…”

Si solo se trataba de eso, paradójicamente del simple y complejo acto de volver. Pero no volver sobre los propios pasos y las huellas trazadas, sino retornar en busca de lo que es esencia y esencial en uno y en los otros.
Sin quererlo se propuso recuperar lo perdido, darse la oportunidad de que le devolviesen su historia, encontrar en la mirada de los otros, sus amados, un pasado lleno de ternuras y cuidados.
Siempre creyó saber quién era y porque existía, pero un día sin esperarlo ni buscarlo se encontró con que la vida le había jugado una suerte de broma con formato de acertijo. Una ruta que de repente se cruzaba y entrelazaba con otras varias de difícil acceso.
Sólo atinó a guardar silencio y casi sin saberlo y mucho menos pretenderlo quedó paralizada ante tamaño hallazgo. Era demasiado para ella…
Era su kairós le dijo una amiga monja, como palabra de consuelo. Un vestigio de esperanza.
Ella lo aceptó… Ella… ¿lo aceptó?
Más bien creyó como casi todos los que la rodeaban y amaban, que había aceptado en forma natural o con cierta naturalidad la verdad de esa historia. Eso sí… ella no quiso saber más al respecto, no le interesaba…
Sin embargo del otro lado, del lado de las ausencias y los recuerdos, había una despedida y alguien o muchos esperando por ella. Alguien en particular la esperó a diario para entregarle su verdad.
Le tomó muchos años el viaje del aprendizaje, casi como un peregrinar errante muchas veces con algunos desiertos, algo similar a lo que Dios hizo al preparar el corazón de su pueblo para el encuentro y la llegada a una tierra prometida.
Porque sin los dolores, las despedidas y soledades; ninguna de las caricias, bienvenidas y reencuentros podrían cobrar sentido.
Y como parte de su misterio, en una navidad había decidido tomar sus cosas y emprender su ida, sin calcularlo, sin querer o queriéndolo desde su interior más insolente, desde el llamado inconsciente, en otra navidad estaba regresando.
Ese no fue cualquier regreso, fue el de ella a sí misma…
Entonces pensó ¿cómo no creer en Dios? ¿Cómo no creerle a Dios? Si cuando regresó organizaron una fiesta, ella dijo mirando al infinito:
Gracias porque estaba pérdida, muerta y volví a la vida (a esa su vida, su historia)
Y dio nuevamente gracias por ser Ella, hoy ese hijo pródigo que necesitó morder el polvo para darse cuenta y recobrar lo que tenía, lo que le había faltado tanto tiempo y jamás ni con todo el oro del mundo compraría.
Porque aquello que realmente tenemos no ha sido obtenido con dinero y aquello verdadero que nos falta es eso que no se puede comprar.

2 Comments:

Blogger Cecilia said...

Aplausos!!!!!!

jue oct 05, 10:57:00 p. m. ART  
Blogger Paloma said...

Gracias... no popolo!!!
No será muchio, ña Ceci?

sáb oct 07, 12:46:00 a. m. ART  

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